La Casa del Campesino y la Biblioteca: Un rincón lleno de historia que no debe olvidarse 

CÉSAR AGUSTÍN | Hubo un tiempo en el que la Casa del Campesino era más que solo un edificio; era un punto de encuentro, un símbolo de comunidad y tradición en Santa Catarina. Las señoras del barrio se reunían ahí para tomar clases de tejido, aprender sobre sus derechos y participar en talleres que fortalecían el tejido social. Pero con el paso del tiempo, la falta de mantenimiento y el desinterés de las autoridades dejaron este espacio en el abandono, hasta llegar a la preocupante situación en la que hoy se encuentra: un edificio inseguro, pero con una historia que no debe caer en el olvido. 

Un legado de esfuerzo y comunidad 

Santa Catarina tuvo un pasado agrícola, donde los habitantes vivían del trabajo en el campo. Campesinos, jornaleros, jarcieros (trabajo con fibra vegetal), leñadores y repartidores de agua eran parte del día a día. Fue por ellos que, en la administración de Fidel Ayala Rodríguez (1964-1966), se decidió construir la Casa del Campesino, ubicada en la esquina de Abasolo y Colón en el centro del municipio

Aquellos trabajadores de la madre tierra encontraron ahí un espacio para reunirse, compartir experiencias y fortalecer su comunidad. Llegaban de lugares como El Pajonal, Canoas, Santa Cruz, Los Llanitos, San Antonio de la Osamenta y El Tunalillo, con la esperanza de mejorar su calidad de vida. Era tanta su presencia que al barrio se le conocía como "Sierra Madre", aunque otros, con humor, lo llamaban "El Pujido", porque el camino para llegar a sus hogares era cuesta arriba. 

Un punto de encuentro en los años 80 

En los años 80, la Casa del Campesino seguía siendo un lugar vibrante. Era común ver a los habitantes de la Huasteca vendiendo los productos que cultivaban. Los niños del barrio corríamos emocionados a comprar quiote con chilito en polvo, y por las tardes, el aroma del chicharrón en cazo de cobre nos llamaba a regresar. También se vendía carne de puerco, un clásico que formaba parte de la vida cotidiana del barrio. 

Con el paso del tiempo, Santa Catarina cambió. Las fábricas y la modernidad transformaron su vocación agrícola en una ciudad de obreros, profesionistas, amas de casa y comerciantes. Fue entonces cuando la alcaldesa Tere García decidió convertir la Casa del Campesino en una biblioteca: la José Joaquín de Mier y Noriega, en honor al padre del ilustre insurgente Fray Servando Teresa de Mier como nos mencionó el historiador Antonio Guerrero en alguna ocasión. 

Lamentablemente, lo que pudo haber sido un legado de conocimiento terminó en el olvido. Sin mantenimiento adecuado, el techo colapsó, sepultando libros y material de consulta bajo los escombros. 

Aquel mismo día, visité a las señoras que aún se reunían en el lugar y tomé una fotografía que hoy comparto con ustedes. Un instante congelado en el tiempo, testimonio de lo que fue y de lo que nunca debió perderse. 

Los edificios caen, pero su historia prevalece 

Hoy, la Casa del Campesino es un edificio inseguro, olvidado por las autoridades, pero no por la memoria de quienes lo vivimos. No podemos permitir que su historia desaparezca con los escombros. 

Porque Santa Catarina cambió, sí… pero su esencia, sus recuerdos y su gente siguen aquí, listos para darle vida nuevamente a lo que nunca debió perderse. 

¿Tienes recuerdos de la Casa del Campesino o la biblioteca? ¡Compártelos y sigamos construyendo la historia de nuestro querido Santa Catarina!


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César Agustín

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