LA PILA, TESTIGO DE SEQUÍAS Y ABUNDANCIA


CÉSAR AGUSTÍN | Para los que crecimos en Santa Catarina, hay lugares que forman parte de nuestra historia, de nuestras memorias, de esos años en los que la vida era más sencilla. Y entre todos ellos, hay uno que sigue ahí, imponente, como un guardián silencioso del tiempo: La Pila.

Para los contemporáneos, aquel tanque de agua no era solo un depósito vital para la ciudad, era el punto de encuentro, el lugar donde las noches se llenaban de risas, donde el balón rodaba en la cancha de abajo y donde más de uno encontró su primer amor en las bancas, bajo la tenue luz de los faroles.

En los 80’s y 90’s, Santa Catarina tenía menos prisa y más alma. A La Pila se iba a correr, a despejar la mente después de la jornada, a platicar con los vecinos, a compartir un refresco y, claro, a jugar fut con la pandilla del barrio, lo importante era estar ahí.

Pero La Pila ha sido más que un simple punto de reunión. Ha sido testigo de épocas de escasez y de tiempos de abundancia. En cada sequía, la veíamos con respeto, sabiendo que el agua que guardaba era vital para la ciudad. En tiempos de lluvia, la mirábamos con alivio, recordando su importancia.

¿Lo recuerdas? Porque yo sí. Recuerdo las noches en que las risas se mezclaban con el viento, los días en que parecía que la vida en Santa Catarina giraba alrededor de este icónico tanque. Hoy, con el paso del tiempo, La Pila sigue en pie, pero ya no es el epicentro de la vida como antes. Los barrios cambiaron, las costumbres también, pero quienes vivimos esos años sabemos que hay recuerdos que ni la modernidad puede borrar.

Así que la próxima vez que pases por ahí, detente un momento. Mira a La Pila con otros ojos. Y si cierras los tuyos por un instante, tal vez puedas escuchar los ecos de aquellos tiempos dorados, donde Santa Catarina aún conservaba su esencia de pueblo, y donde La Pila era mucho más que un tanque de agua.

#CésarAgustín 



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